[Esto es una reflexión real de hace algunos años, mezclada con cosas que no son reales de hace unos meses. Cada uno tome lo que quiera e inspírese de la penúltima carta del tarot.]
Después de clases se acercaron unos alumnos para entrevistarme, me preguntaron si consideraba haber hecho una cantidad suficiente de cosas buenas para acceder a una vida después de la muerte.
¿Y si no hay? Contra pregunté para no responder – Imagino que evadir preguntas de escolares suma a la lista de cosas malas o no buenas. –
¿Pero si la hubiera? Respondieron a coro.
Si así fuera ¿Soy yo quien tiene que juzgarlo? – cuestioné nuevamente, esperando que fuera San Pedro o Caronte quien decidiera por mí.
En este caso sí. Afirmaron.
Dudé, tenía una grabadora de voz frente a mi cara y a dos adolescentes queriendo terminar su trabajo de ética: Quizás sí. Respondí y se fueron felices. Aunque no, quizás no, probablemente no.
Recordé la vez en que le metí el pelo a un frasco de pintura a la niña que se sentaba al frente mío en el colegio y cómo su blusa blanca se iba tornando rojo Artel y sus rizos castaños se iban endureciendo sin que ella lo notara; también pensé en las palabras de mi amiga Rocío quien a los nueve años me decía que, si no hacíamos la mala acción del día, este no valdría la pena, mientras le dábamos vuelta la mochila a un compañerito.
Recordé cuando me agarré de las mechas con la vecina, aunque los motivos ya son difusos y cuando con la misma, nos volvimos amigas unos años más tarde y le pinchamos las ruedas del auto al pelao de la otra cuadra por hacer sufrir a su hermana que era varios años menor que él. De todas formas, creo que no cuenta como una tan mala acción.
Un olor externo, me hizo pensar en cuando junto a mi prima nos robamos la mariguana de su pololo después de un carrete y con los ojos chinos, negamos a muerte nuestro acto desleal.
En cuestión de segundos tuve un sinfín de reminiscencias: Las cuotas que no pagué, las personas a las que besé y no debía, los dedos que crucé tras la espalda. Además, nunca me ha gustado mucho esto de la meritocracia para adherirse al V.I.P espiritual. En caso de haber hecho tal cantidad de cosas buenas no tengo cómo saber si son acordes a la rúbrica de diosito o de quien haga la curatoría.
Miro la sala vacía con esas cortinas tristes que no protegen ni del frío ni del calor y me pregunto si habrá una prueba recuperativa o si es posible pelear hasta la última décima que me lleve al más allá o me haga volver al más acá y a su vez, creo que volver a vivir es más bien quedar repitiendo.
Sin resolver nada, me quedo con la duda y con la vergüenza de que un colega lea esta evaluación con nota inflada a la ética: Profesora de francés, 26 años considera que ha hecho lo suficiente para merecer una vida después de la muerte.

[En la imágen: Tarot del trueno, Tarot Rolichon de Octavio Alicera, Tarot Claridad de Belén Senlle]

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