Fauna Tarot

Ver la vida en metáforas.

tarot.fauna@gmail.com

La semana pasada decidí ir a entrenar a un lugar nuevo, llegar allá me implica atravesar tres comunas en hora punta, así que decidí salir en bicicleta y ahorrarme al menos cuarenta y cinco minutos de tortura subterránea. Además, me encanta pedalear de noche, sentir el frío en mis mejillas y en mis rodillas, mientras que me reto a ir cada vez más rápido.

También me gusta, porque en general los ciclistas van más tranquilos a esa hora y puedes ver a todos esos especímenes de cerca, a los que van con ropa especial, apretada, casi como una extensión de su piel o a los viejitos con sombrero y abrigo que usan bicicletas antiguas con grandes focos; también están esos con bicicletas exóticas, tuniadas de colores, luces en las ruedas y parlantes afirmados con cinta que podemos escucharlos a varias cuadras de distancia.

No sé qué tipo de ciclista seré yo, ni si mi bici es tan especial a primera vista; es de color negro desteñido o más que desteñido, tiene sus baches y es muy alta porque me la regaló mi tío que me supera por varios centímetros de estatura. Antes de usarla, la dejé mucho tiempo guardada, me daban miedo las bicicletas de ruta y su fragilidad, hasta que un día le puse torpederas (quién diría que tiempo después, una de mis playas favoritas se llamaría así) o freno-pedal, para quién no conoce el concepto y aprendí a darle vuelo al piñón fijo.

Esta bicicleta me ha acompañado en varios momentos, he recorrido largas distancias con ella y he podido conocer las calles de Santiago en ella, así que esa noche no fue la excepción. Con mi mochila en la espalda recorrí varios kilómetros, pasé por el estadio nacional, me emocioné cuando vi la casa donde viví hace ya varios años y seguí andando hasta que se acabó la ciclovía, me quedaban pocos minutos para llegar así que aceleré y fui tan rápido como pude, quedaban solo un par de cuadras hasta que atravesé un hoyo y la rueda trasera se pinchó. Alcancé a verlo, pero no a frenar, si frenaba a esa velocidad de seguro me caía, así que tuve que terminar el recorrido a pie.

Luego de entrenar vino la odisea de vuelta a casa, caminé mucho hasta que un micrero se apiadó de mi y me dejó subir con la bicicleta incluida; desde ese día he pensado en la rueda que aún no cambio, en que la libertad se trunca de un momento a otro, que la fortuna es como la luna como dice la canción y en cómo algo que te tiene tan arriba puede pincharse de un momento a otro.

 Me acordé también de que hace algunos años me persiguió la rueda, la décima carta del tarot y me atormentaba esto de que las cosas pudieran cambiar de un momento a otro, así que buscaba entenderla en cosas que se parecieran a ella. Ahora, entregada a volver caminando si es que se pincha la rueda miro este video con ternura.

[Posdata: ¿No les parece que la “X” parece justamente un pinchazo, una ruptura en la rueda y a su vez, ¿una sutura? ¿O es que ya estoy divagando demasiado?]


Descubre más desde Fauna Tarot

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in

Deja un comentario

Descubre más desde Fauna Tarot

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo