«Evocación: Acción y efecto de llamar a los espíritus o traer algo a la memoria.«
Hace un par de años participo de clubes de lectura, talleres o simplemente, me junto con amigas a leernos en voz alta, lo que me parece un acto de cariño tan íntimo como acariciarle el cabello a alguien.
La lectura y la escritura son para mí, muy similares a leer las cartas, es el acto de estar presente, de escuchar y observar, de esclarecer señales y llevar algo externo a evocar algo personal. Podemos encontrar en la literacidad algo que no buscábamos y ponerle palabras a aquello que no podíamos nombrar.
El dos mil veintitrés nos reuníamos con tres amigas una vez al mes a leer poesía y a escribir de la mano de las cartas del tarot, a regalarnos mensajes oraculares y a contarnos la vida; hoy, dos años más tarde, invité a amigas y colegas a realizar un ejercicio similar. Se los dejo por acá por si se inspiran a realizar algo similar y comentar sus experiencias:
Leímos dos textos, el primero fue el cuento “Manual de una ceguera” de la argentina Margara Averbach que pueden encontrarlo en página doce si se motivan a participar a la distancia de esta dinámica y el segundo fue Sueño azul del poeta mapuche Elicura Chihuailaf. Los releímos, los comentamos y encontramos conexiones entre ambos, a todas nos surgió la necesidad de hurgar entre recuerdos de la infancia, en las flores pectorales que nos daban para cuidarnos de un resfrío, en los consejos de las abuelas, en los paseos de reconocimiento de aves y en los cuerpos de agua que rodearon nuestra crianza, incluso si estos eran algunos que solemos ignorar como lo es el mismo río Mapocho.
Luego escribimos y es aquí donde entran las cartas, en un altar donde dispusimos objetos que nos inspiraran repartimos cartoncitos con imágenes como tarots, loterías mexicanas, oráculos varios y naipes de juego. Cada una tomó una carta del mazo que más le llamara la atención y llamó a los espíritus de la memoria, a su vez, tomamos un sentido al azar de una mesa con papelitos y tuvimos que hacer pasar ese recuerdo a través de ese sentido, en mi caso, tomé una carta de la lotería mexicana donde aparece un gorro y un papelito donde indicaba que el sentido por el cual tenía que pasar mi relato era el tacto.
Escribí un texto que quizás suba más adelante o no, donde recordaba la aspereza de algunas prendas de mi infancia, el picor de la lana y de las etiquetas, de cómo cambian los sentidos del tacto a través de los años y cosas que parecían inimaginables en la niñez resultan ser la suavidad del futuro.
Finalmente revolvimos las cartas que le aparecieron a cada una y sacaron una nueva; la lectura del texto evocativo de otra persona sería entonces un mensaje oracular.


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